Trastornos alimentarios no específicos

La ortorexia, dismorfia muscular o vigorexia, comidas nocturnas, anorexia atlética, exceso de ejercicio, trastorno de comida selectiva, síndrome de rumiación; trastorno de alimentación por trauma; pertenecen a un grupo de trastornos alimentarios menos comentados pero de creciente incidencia en la población.

Ortorexia

La ortorexia nerviosa es uno de los grupos poco conocidos de enfermedades relacionadas con los trastornos alimentarios. El término utiliza “ortho” en su acepción de: “recta, correcta, verdadera”  en cuanto a la fijación en ingerir alimentos apropiados.

La ortorexia empieza de forma ingenua como un deseo de paliar enfermedades crónicas o mejorar la salud en general. A medida que va pasando el tiempo, lo que se come, cantidad y las consecuencias de la dieta van ocupando más y más la vida de la persona llegando a ser motivo de preocupación. Al progresar la enfermedad, el acto de comer alimentos puros y sanos comporta connotaciones no exclusivamente físicas.

El tratamiento es difícil ya que cualquier medicación será considerada por los pacientes como “impuras” y “antinaturales”.

Comidas nocturnas

El síndrome de la comida nocturna se describe como un patrón de comportamiento en el que se realiza un consumo obsesivo de más de la mitad de la cantidad ingerida durante el día. El hallazgo de que más del 33% de pacientes con obesidad mórbida se ven afectados por este trastorno resulta más significativo.

El síndrome se caracteriza por una falta de apetito por las mañanas y podría considerarse como “adicto” a la comida por la noche junto con estados de agitación e insomnio. La persona considera que la comida nocturna puede ser una forma de medicarse para paliar trastornos del estado de ánimo como el estrés o la ansiedad: la ingesta de carbohidratos incremente la serotonina en el cerebro, lo que repercute en una mayor sensación de sueño.

Pueden diferenciarse en:

El que come compulsivamente de tarde y de noche.

El que come por la noche de una forma ansiosa y agitada.

El que come por antojo.

Algunos autores recomiendan aplicar la “técnica del fin de la comida” algo que simboliza el término de la ingesta, como podría ser la toma de una taza de te, una breve oración de gracias o un ligero paseo después de la comida principal. El ritual ayuda a la transición individual de un comportamiento (comer) a otro (descansar, preparación para irse a la cama.

Exceso de ejercicio

El ejercicio compulsivo es un problema que aparece cuando la persona centra su vida alrededor de la actividad física, de la misma forma en que las personas que padecen un trastorno alimentario lo hacen con comer o no comer. La persona que lo sufre puede preferir seguir su ritual de ejercicios que pasar tiempo con los amigos o la familia, asistir a un acontecimiento social o, incluso, pueden perderse alguna cita importante o dejar de lado sus obligaciones laborales.

Además de aislarse socialmente, el ejercicio duro durante demasiado tiempo puede dañar al cuerpo. Las distensiones musculares, esguinces y fracturas por estrés son comunes entre los que hacen más ejercicio y con la fatiga a menudo aparece una bajada de defensas.

Anorexia atlética

El ejercicio compulsivo se refiere a menudo como anorexia atlética, ejercicio obligatorio y adicción al ejercicio. La anorexia atlética aparece cuando la persona no lo disfruta pero se sienta obligado a hacerlo. La víctima, en su mayoría mujeres entre los 12 a 19 años, pueden experimentar un sentimiento de culpabilidad y ansiedad si dejan una sesión y ni la enfermedad o las lesiones pueden detener su necesidad de hacer ejercicio.
Las personas con este trastorno pueden:

1.Efectuar ejercicio repetidamente más allá de lo que el sentido común aconseja saludable.

2.Fanatizarse sobre el peso y la dieta.

3.Robar tiempo de trabajo, escuela y relaciones sociales para hacer ejercicio.

4.Esforzarse en alcanzar retos más difíciles olvidando que la actividad física puede ser divertida.

5.Definir la autoestima en términos de rendimiento.

6.No estar jamás satisfecho con los logros deportivos obtenidos.

7.Justificar el comportamiento excesivo en una definición de sí mismo como “deportista especial” de élite.

Dismorfia muscular o vigorexia

Tanto hombres como mujeres tienen un sentido de distorsión de su imagen y a menudo tienen dismorfia muscular (también conocido como vigorexia o complejo de adonis), un tipo de trastorno caracterizado por una preocupación extrema en desarrollar sus músculos. Muestran los mismos comportamientos emocionales y físicos aunque en el caso de los chicos es menos probable el diagnóstico en comparación al considerado como trastorno típico “femenino”. Algunos desean perder peso mientras que otros quieren ganarlo o estar suficientemente “musculados”. Los jóvenes que piensan que son demasiado pequeños tienen mayor riesgo de usar esteroides u otras drogas dañinas para la salud para incrementar su masa muscular.

Síndrome de rumiación

Este síndrome no se conoce en su totalidad y a menudo se confunde con otros trastornos, lo que lleva a muchas personas que lo padecen a pasar incluso años sin un correcto diagnóstico. Aunque suele diagnosticarse como un trastorno infantil o a personas con discapacidades cognitivas sus efectos sobre personas adultas y adolescentes están ganando terreno.

Se suele padecer después de la ingestión de alimentos y la regurgitación de éstos no va acompañada de arcadas, olor y/o gusto típicos del vómito normal.

Un diagnóstico a tiempo y preciso puede evitar al paciente costosos e invasivos procesos curativos y permite a los médicos dirigir de forma inmediata un tratamiento efectivo. Para ello, se requiere una historia y descripción de síntomas del paciente y, en ocasiones, observación de su comportamiento

Para lograr resultados positivos es necesaria la colaboración de especialistas en gastroenterología, pediatría y psicología., además de educación adecuada enfocada hacia familiares y personas afectadas.

Trastorno de comida selectiva

Es un trastorno alimenticio que evita el consumo de ciertos alimentos. A menudo se suele dar en periodos de infancia que, por lo general, se soluciona con la edad, aunque no siempre es así.

Es un fenómeno poco estudiado de la alimentación  y se asocia a una gama muy limitada de alimentos, junto con una evidente falta de voluntad para probar otros nuevos.

Es común en los niños pequeños y puede persistir hasta bien entrada la infancia y la adolescencia. Cuando esto sucede puede dar lugar a conflictos en cuanto a evitación social y a cuadros de ansiedad.

Los afectados desarrollan una gran incapacidad hacia ciertos alimentos basados en su textura o aroma. Los alimentos “seguros” se limitas a cierto tipo de comidas o incluso a marcas específicas. Las personas afectadas pueden incluso llegar a excluir grupos completos de alimentos como frutas, verduras, etc.

Trastorno de alimentación por trauma

Los trastornos alimentarios podrían entenderse también en un contexto de trauma experimentado como estrategias de supervivencia más que asociados a vanidad o la obsesión por la apariencia.

De acuerdo con algunos sociólogos, este trastorno abarca una variedad de estados socio-económicos, orientación sexual y razas y consideran que los trastornos alimentarios y la desconexión con el propio cuerpo es comúnmente una respuesta al estrés ambiental, incluyendo abusos sexuales, físicos y emocionales, así como racismo y pobreza.

Esta realidad se hace patente en aquellas culturas y en la mayoría de los casos mujeres, que se ven forzadas a adecuarse a una concepción rígida de cánones de belleza, con lo que ello comporta. De no alcanzarse redunda en sentimientos de baja autoestima con el consiguiente problema personal.

Una opinión sobre “Trastornos alimentarios no específicos”

  1. Carmen Garayua dijo #

    Tengo un hijo de 16 años, después de comer va al baño y vomita la comida, hace ejercicio y juega baloncesto en la escuela, y está obsesionado con bajar de peso, aparentemente según lo que he leido tiene anorexia, cada día está más delgado, él lo niega y yo estoy desesperada, necesito ayuda urgente, no sé qué hacer, no quiero perder a mi hijo. Ayúdeme por favor, gracias.

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